Una pequeña consonante

Una pequeña consonante, solo una, es la distancia existente entre dos verbos tan distintos, tan alejados, tan relacionados.

 

La s y la z, pronunciada diferente, aunque no en todas las regiones.

 

Abrasar y abrazar, llevadas a cabo de manera diferente, aunque no por todas las personas.

 

Yo soy una de ellas, de las que pronuncia la s y la z de manera ambigua, de las que abrasa y abraza de manera ambigua.

 

A lo mejor es que nunca me abracé, a lo mejor nadie me enseñó, solo se abrasar.Y creo que veo en tus ojos incandescentes, que sabes de lo que hablo.

 

Intentemos abrazarnos, aunque solo sepamos arder. Se que solo sabemos calcinar y ser calcinados, pero a lo mejor es lo que necesitamos. A lo mejor nuestra carbonización nos acerca.

 

O a lo mejo no, y solo nos chamusca más, pero déjame contarte un detalle, uno que todos saben, pero esconden y del cuál nadie nunca admite su fascinación:

nunca ardes y te consumes de la misma manera.

 

 

Trampas

-¡Eres un maldito tramposo!- Blasfemé y sin querer escupí el cigarrillo que tenía en la boca, pero poco me importaba. Me encontraba completamente ofuscado con aquel estafador de tres al cuarto, que ya me había hecho perder unos 11€ a base de jugar con aquel condenado as de picas entre las otras dos cartas.

-Pero no se enfade hombre ¿Qué es para usted 11€?

-Pues unas cuantas cajetillas, pero eso a ti no te incumbe tramposo.

-Usted solo acusa, pero ¿Tiene pruebas?

-No, pero ambos sabemos muy bien que me estás haciendo trampas.

-¿Sabemos?¿Qué es el saber?- Dijo con una pequeña mueca que intentaba ocultar. Se estaba mofando de mi.

-¿Ahora eres filósofo también? Déjate de tonterías, y hazlo una última vez.

-De acuerdo, pero subamos la apuesta. Voy a tener todo el tiempo una carta boca arriba, pero la apuesta será a doble o nada.

-Espera.- Y rebusqué en los bolsillos de mi chaqueta, sume monedas, tire recibos, y desarrugue billetes, todo con tal de sumar otros 11€.- Acepto.- Y puse todo lo que había logrado encontrar en aquella mesa que había improvisado con unos tablones de madera, y un trozo de cartón. Parecía mentira que con esos dos materiales se estuviera haciendo de oro. Bueno en realidad se estaba forrando gracias a unos tablones de madera, cartón y un mierdas como yo. Siempre necesitas como mínimo un mierdas para hacerte de oro.

-De acuerdo, aquí está el as de picas, no lo pierda.- Entonces puso una de las cartas boca arriba y empezó mezclarlas, dando giros, cambiando de manos, llevando una carta de un lado al otro, y volviéndola a cambiar. También hacia alguna que otra filigrana. El cabrón se estaba gustando. Como para no gustarse, ya se había llevado 11€ de mi bolsillo, e iba a por duplicar esa suma.

-¡La de la derecha!¡La de la derecha!- Lo tenía más que claro, tan solo teniendo que seguir dos cartas, no había perdido en ningún momento aquel as.

-Siento decirle que me llevo 22€ esta tarde.- Dijo mientras giraba la carta dejándome ver aquel 7 de corazones.

-Eres un hijo de puta, se que me hiciste trampa en absolutamente todas las partidas.

-Una pregunta antes de que se vaya.

-No, no voy a seguir jugando, no tengo más dinero.Eres un gilipollas.- Y con aquel insulto, me fui intentando encender lo poco que me quedaba en esos bolsillos, que no eran más que 3 cigarrillos, un mechero y los recibos que me había encontrado antes, pero que no había tirado por alguna razón.

-¿Es más culpable el que hace trampas, o el que sigue jugando sabiendo que le están haciendo trampas?- Gritó desde la lejanía.

Sin responder, puse el cigarrillo que acababa de encender encima de un coche, no era cuestión de perder también otra posesión. Me quité la chaqueta, y me dirigí hacia él. Entonces solté uno de mis puñetazos más certeros, y  sinceros de mi vida.

Impulsado por mi directo de derecha, cayó aparatosamente sin poder hacer demasiado para evitar aquel tinglado que tenía montado. La gente no hacía más que disfrutar de aquel espectáculo. Mientras se intentaba recuperar, recogía todas las cosas que se habían desparramado con aquella caída; las cartas, las mesa improvisada, el dinero, además de mi dinero.

Me puse mi chaqueta y recupere mi cigarrillo que aun seguía encendido. No sabía realmente a quién de los dos tenía mas ganas de golpear, pero lo golpeé a él.

 

 

Heterocromía

-A ver, si me parece muy bonito, pero es que lo que dices es, sin ánimo de ofender, estúpido.- Dijo mientras movía sus manos con cierto nerviosismo. Realmente no quería ofenderme.

– No no, tranquila. Seguí por favor.

– Es que la gente es egoísta. No puedes creer en la ternura innata de las personas, no existe tal cosa. Somos una panda de egoístas, solo con unos pocos se puede contar, y cuando digo pocos, los cuento con una mano, y no tengo claro si me sobran dedos.

Llevábamos ya un buen rato caminando, sin siquiera fijarnos en los paisajes por los que nos metíamos. Disfrutábamos de la conversación, podíamos llegar a ser muy diferentes. Ella, una persona que hacía tiempo había perdido la fe en el mundo, en sus gentes y todo aquello que pudiera reflejar algún atisbo de bondad. Luego estaba yo, que tampoco es que  fuera mucho más optimista, pero la esperanza siempre que era necesario, o más bien no lo era, se aferraba con fuerza. Nos encantaba.

– ¿Vos también te considerás una egoísta?

– ¿Tú no?

– Siempre contestando a ciertas preguntas con otra. – Solté una carcajada.

-Tu problema es que eres un idealista.

-No se… Gracias- Dije sonriendo.

-¿Por?

-Por el halago.

-¿Halago?

-Si, claro. Es como esta enfermedad o anomalía, no se como carajo se le dice, pero que tienen algunas personas. Esa que tenés un ojo de un color y el otro de otro. Cómo se llamaba…

-¿Heterocromía?

-¡Eso!

– ¿Y qué tiene que ver?

– Porque es lo mismo. Se la tilda de enfermedad o anomalía, pero en realidad es algo hermoso.

-¿Sabías que a veces puede ser un síntoma de algo perjudicial?

-Entonces es aún más perfecta la similitud.- Y vio como una sonrisa se dibujaba en mi semblante.

El silencio lleno nuestro paseo, admirábamos el paisaje. A ella a veces hasta le parecía irritante mi tener respuesta a todo, por muy estúpida que fuera. A mi me costaba borrar aquel gesto.

Saqué mi cajetilla de cigarrillos, y le ofrecí uno. Nos detuvimos a encenderlos. El viento no nos dejaba encenderlos mientras caminábamos.

-Estaba pensando.- Rompí el silencio después de una calada.

– Cuéntame.

– Se que te encantaría que te dijera que tu problema es que sos demasiado realista, pero los dos sabemos que no es ese tu dilema.

-¿Y cuál es?

-Te da miedo mirarte al espejo y descubrir el color de tus ojos.

Siempre con tenedor

Espero algún día contarte que mis únicos poemas que no son sinónimos de mierda,

vos los inspiraste.

Pero hoy no es ese día,

a lo mejor nunca lo es.

 

Espero que algún día me perdones mi estupidez,

o al menos que me la tengas menos en cuenta.

Sigo esperando madurar,

o puede que haya caído de cabeza del árbol.

 

Espero con ansias el día en el que pare de llover sopa,

o en el que al menos me pueda comprar una cuchara.

Yo siempre con tenedor.

Orgullosamente relegado

Nos relegaron a ser folclore,

a ser dialecto,

a ser sangre,

a ser cultura popular.

 

Nos relegaron a ser esclavitud,

a ser incivilización,

a ser ignorancia,

a ser arco y flecha.

 

Nos relegaron a ser martillo,

a ser calor,

a ser sudor,

a ser pobreza.

 

Pero yo me siento orgulloso.

 

Orgulloso de la pobreza de mi bolsillo,

y no de mi corazón,

de ser sudor de espalda,

y no arruga de camisa,

de ser calor en la noche más helada,

y no frío en la noche más calurosa,

a ser martillo en mano,

y no dígito en papel.

 

Porque yo me siento orgulloso.

 

Orgulloso de ser arco y flecha de esperanzas,

y no fusil que las mata,

de ser ignorancia sobre el egoísmo,

y no sobre el amor,

de mi incivilización de estructura,

y no de corazón,

de ser esclavitud libre,

y no libertad esclava.

 

¡Claro que me siento orgulloso!

 

Orgulloso de ser cultura popular,

y no individual.

de ser sangre brotando por tus venas,

y no corazón atascado,

de ser dialecto con alma,

y no lengua vacía,

de ser folclore que arde,

y no cultura que apaga.

 

Así que cuando tenga una oportunidad,

que espero tenerla,

no dudaré en decirles:

Gracias por habernos relegado.

 

Solo una vez

 

Levanto un poco: un tres de corazones y un as de trébol.

Solo pido una buena jugada.

 

Muestra un seis y  bebo un trago.

Un as y me golpeo la cara.

Rezo por piedad.

 

Deja ver un tres y aprieto mi vaso,

un siete, y el crupier sonríe.

No se si creo en dios.

 

Solo queda una carta, solo necesito un as, solo una vez.

Bebo todo de un trago.

 

Me voy de la mesa antes de verla.

Se que no tendré suerte.

 

Buscando lágrimas

-Bueno, ahí está ¿Qué te parece?

-¿Lo hiciste vos? ¿En serio?- Dijo su amigo con los ojos casi fuera de sus órbitas.

-Si si, llevo varios meses con este trabajo.

-Es increíble, en serio-. Se encontraba en un estado de asombro mayúsculo. Seguía con sus ojos cada uno de los detalles de aquel cuadro. Tan cuidado, tan técnico, tan sorprendente que le costaba creer  que su amigo, que conocía de garabatear gatos con tres patas cuando tenía 8 años, era capaz de esa obra, que podía ser expuesta en el Prado sin lugar a dudas.

-En serio, es completamente increíble. El trazo que utilizaste, es tan real, tan portentoso. Da vértigo el simple hecho de mirarlo más de unos minutos.

Entonces, sin ningún temblor, ni titubeos, acerco su mechero y encendió aquello en lo que había dedicado tantas horas de su vida.

.-¿¡ Pero qué estás haciendo!? ¿¡Te volviste loco!? ¡Apagalo!- Fuera de si buscaba algo con lo que extinguir las llamas. Iracundo y pasmado se encontraba con lo que estaba sucediendo.

-No, dejalo arder.

-¿¡Qué decís!?

-Ya no lo podés salvar.- Y mientras decía esto acercaba un cigarrillo que acababa de liar a la obra ardiente. -Estaba pensando mientras hablabas sobre mi cuadro, y me hiciste darme una cuenta de una cosa.- Hizo una pausa para aspirar un poco de aquel cigarrillo.- Es un completo fracaso.

-¿¡Qué carajo te pasa!? ¡Ese cuadro era una obra maestra, era perfecto, no había nada de más, nada de menos, era tu obra magna!
-Exacto.- Dijo mientras exhalaba el humo.- Fue incapaz de encontrar ni una sola lágrima en él.